Últimamente he tratado de ser más observador, y observando, se me ocurrió preguntarme hasta dónde estamos dispuestos a llegar para proteger nuestra posición.
Todo el tiempo, mientras nos relacionamos con las demás personas, la mayoría del tiempo sin darmos cuenta, creamos jerarquías.
Una elocuente mirada dicendo "Yo soy más listo que tú" o "Soy más hábil", o una encubierta actitud de superioridad para con el que tienes al lado. Mira a tu alrededor y fíjate en las personas que conoces. Tus amigos y compañeros. ¿No concideras (tal vez inconcientemente) a algunos inferiores a ti? y ¿Quién de ellos te ha llevado a reconocer su rango más alto?, ve como creamos esas estructuras aún con las personas que queremos, residuo de una contaminante sociedad jerarquizada a base de orgullo y poder.
Y ahora fíjate otra vez.
¿No hay veces donde tu posición respecto a otro se ve amenazada? pequeñas competencias casuales, disfrazadas de compañerismo. Algunos llegan a ridiculizar a sus propios "amigos" con tal de no perder su lugar. Y si lo logran, y si lo perciben, lejos de sentirse culpables, lo disfrutan, se sienten reivindicados, fueron más listos que el otro. Como si en serio mereciéramos algo.
Escribo esto, porque he visto que cosas como esta llegan a arruinar relaciones que tenían posibilidad de llegar a ser algo fuerte, actitudes ciegas y estúpidas que corrompen lo que posiblemente el otro ha tratado con cuidado de construir.
Deberíamos de dejar de exigir y dignarnos a ser humildes. Comienza a dar, a ceder, ¿Hay algo más fuerte que el amor entre dos personas? Fórjalo entonces, y no lo arruines.
Cuiden lo que tienen, porque posiblemente no lo merecen
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarque interesante:)
ResponderEliminar