Esa grisácea luz inundaba mi visión somnolienta, el aire era húmedo y frío, como cuando uno siente la lluvia acercarse, pero en realidad no cree que llegue. Ensanché mi pecho para llenarme de tal hálito helado por ver si lo insencibilizara, pero cuando me fijé, aunque no quize hacerlo, vi que tenía todavía esa sensación en el pecho. Ancha y amarga, trepando por mi garganta, mientras sus raíces horadaban mis entrañas. Y reconocí esa sensación, y odiaba saber lo que representaba, que no estaba satisfecho. Me hacía sentir vacío, como si me faltara aguien querido, o me hubiera olvidado de hacer algo importante.
Traté vanamente de enfocar mi atención a la brisa fresca que, amable, envolvía mis brazos y mi rostro, pero como estaba ahí y era tan grande, mi mente cedió su atención. ¿Qué podía significar aquel constante dolor que me inundaba ya tan seguido? ¿No estaba todo bien? ¿No estaban todos conmigo? Sin embargo, cada vez que un detalle no era perfecto, un hondo suspiro se me escapaba, y cada vez que observaba a mis cercanos, el suspiro aparecía, aunque no llegaba a salir. Dolía más así. Y cuando veía mi trabajo y la dirección por la que había obligado a ir a mi voluntad, entonces lo oía. «Todo tan vano», me decía a mí mismo. Nuestras fuerzas, las de todos los hombres, son efímeras, y nuestros logros son un parpadeo. No valen nada, se me ocurrió !No valen nada! gritaba en mi interior. Pero no tan profundo. Mi voluntad apretaba sus manos contra mi boca para hacerla callar.
El viento limpio de la mañana me trajo claridad a la mente, y un pensamiento comenzó a surgir. Era como una volátil fragancia que se hacía real en mí, y nublaba mis ojos para que no viera otra cosa. ¿Dónde están? -dijo- ¿Dónde están ellos?.
-¿Quiénes, dónde están quienes? -pregunté.
-¿Dónde está el amor -me dijo-, y dónde está tu lealtad?.
-Mi amor está con los míos, y la lealtad...
-Tu no conoces tal cosa -continuó-, y no has sabido cultivar la amistad.
¡Amistad, cuándo mis ojos han visto tal cosa!
-¡La libertad! -gritó- ¿No sabes que un hombre sin libertad no es nada?.
-¿libertad?
-¡Si, la libertad!
-No entiendo -dije, con una mentira suave que debía engañarme-, yo soy libre.
-¡Tú no eres libre!
¡Libre! pensé, nadie me ata, y lo que yo quiero hago, me dije firmemente.
-¡No eres libre! -repitió más fuerte- ¿Por qué no podemos reir al despertar? ¿Y por qué, si intentamos sonreír, se resquebraja el alma de nosotros?
Entonces me di cuenta, me di cuenta de lo que yo ya sabía; que había más que el deber, más que el placer momentáneo, más que el papel de persona que representaba todos los días. Que yo tenía alma, y que el espíritu es magnífico, incontenible, que nesecitaba algo igual de grande para no morir. Amor, que es tenaz como lo son los cimientos de los azulados montes, que se ofrece y no puede ser tomado. Libertad, que es extensa como el cielo helado de la hora primera, y que se adquiere, pero que nadie puede ofrecerte.
Comprendí lo que ya sabía, y mi garganta gritaba callada, y mis ojos lloraban secos.
me gusta mucho.... este es mi favorito :)
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