(intento dos)
Con rechinar de dientes aparezca
la hora en que la vida con su espada
siegue en el hombre aquél de alma malvada
la virtud con que logra que amanezca.
Con su mano mortal, la dama negra
gentilmente retire en el humano
que muestra un corazón benigno y sano,
de las noches el hálito que alegra.
Mas no desaparezca nunca el fuego
nunca el candor, ni nunca la alegría
del ser aquél a quien rindo mi apego;
y que juntos ardamos todavía,
pasemos nuestras noches en un juego,
vivamos mientras muere la orbe fría.
No hay comentarios:
Publicar un comentario