Noviembre 12, 2012

Con rechinar de dientes aparezca
la hora en que la vida con su espada
siegue en el hombre de alma malvada
la virtud con que logra que amanezca.

Que la muerte de vestidura negra
gentilmente retire del humano
que muestra un corazón benigno y sano
de las noches el hálito que alegra.

Mas no desaparezca nunca el fuego
nunca el candor, ni nunca la alegría
del ser aquél a quien rindo mi apego.

Viva el calor tan solo en el había,
pasemos nuestras noches en un juego,
pertenezca a nosotros la ardentía.

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