Pasa los dedos por entre sus cabellos húmedos, que caen desmayadamente sobre su espalda. Se escucha el ruido de la máquina, sus manos juguetean entre la larga cascada negra mientras el aire los alborota. El juego cesa un momento, recoge un poco de cabello, lo reúne en un manojo, y lo pone a un lado. El viento caliente regresa y acaricia su espalda, elevando el cabello en corrientillas aéreas, en un contrastante baile sobre su cuello. Toma otro manojo y lo hace a un lado.
Apaga la secadora, su telenovela ya comenzó. Los cabellos que permanecen húmedos titilan con luz naranja mientras ven la imagen, mientras los secos dormitan acurrucados unos con otros en sus mechones.
No hay comentarios:
Publicar un comentario