Enero 23, 2012

Me levanté a las 5:30 de la mañana para ir a la escuela. Estuve dando vueltas por la escuela todo el día -y la escuela es grande-, y ningún maestro llegó. Comí en la calle. Cuando llegué a la casa me sentía como si me hubieran molido en molcajete. Pero no podía descansar. Quince minutos después tenía que salir a la clase de dibujo.
Allá voy. Estando en la clase de dibujo trabaje en la silla más chica y en la mesa mas alta. Cada vez que me movía sentía que me daban con una vara en la espalda. Y, para colmo de males, la comida callejera me estaba revolviendo el estomago. El cerdo nunca falla.
Bueno, la clase termina y yo sigo entero. Camino trabajosamente hacia el metro y me bajo en mi estación. Ya estoy pensando en la cena. Todos los peceros están llenos, no podía ser de otra forma. De manera que le encargué mi peso a mis talones y mi espalda y me agarré fuerte. Un buen rato después, algunas personas se bajan. iAh, un asiento libre! bien, pues me siento. Que cómodo... 
Cuando abrí los ojos otra vez, me había pasado de mi parada. iMaldita sea!
Me bajo en un lugar que pocas veces he visto y encuentro una estación del metro otra vez. Pero esta vez no es tan fácil, hago el transbordo entre líneas del metro más largo que haya hecho jamás y prosigo. En total recorro una veintena de estaciones. Un pecero de nuevo. ¿Parado? claro.
Después de un par de horas estoy en mi casa. Justo a tiempo para descubrir que hace cinco minutos dejaron de dar la cena. Esta vez la vara soy yo, pero creo que estoy roto por la mitad.

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