Sabed que alzé mis ojos y no vi el final
¡Ved vosotros! ved cuan lejos el horizonte está
Alzé mis ojos y tierra seca se extendía bajo mis pies
¡Montes, alzad también vuestros ojos!
¿No vendréis y daréis refugio a este peregrino?
¡Ríos, mirad mis cansados pies!
¿No vendréis y daréis refugio a este peregrino?
Pero sabed que no emprendí solo este viaje, sino con mi báculo fuerte que me sostiene,
He aquí que conmigo estuvo el cetro de mi alma, que me lleva a donde hay que ir, y me sostiene si caigo
Pero mirad vosotros, pues mis ojos no le ven ¿Lo han visto los vuestros?
Pues fuerte lo apretaba en mi mano ¡con mi manto le cubría de la arena que desgarra la carne!
Pero, ¡ay, desgracia mia! ¡lo he perdido, pues no le amé suficiente!
¿Lo veis acaso, rios? ¿No lo retenéis, montes?
Tierra seca que no ha probado aguas reclama mi muerte,
Las dunas se yerguen frente a mí y entorpecen mi paso
¿No pasaré, oh destino? ¿Y mis pies tus campos no hollarán?
Pues oí con mis oídos tu mensaje,
Que lejano, tras el horizonte, tu ciudad se levantaba, alta hasta el cielo estrellado
¡que tus cimientos fuertes se hundían hasta debajo en el Seol!
¿hasta cuándo, oh oráculo mío, se afligirá mi alma debajo de este sol ardiente?
¿Tropezaré y caeré? ¿Dónde está la fuerza de mi alma?
No, cielos dorados, yo no vine solo, sino que la fuerza de mi alma traje conmigo
He aquí que a ella la llamé mi capa, con ella me cubro de tu arremetida,
Cubría mi rostro de tu desolación y me escondía de tus siervos
La langosta que todo ha consumido, y el buitre que mi caída espera
¿No tendréis, oh cielos, misericordia del miserable?
¿No impediréis, oh montes, que la arena deshaga mis ropas y consuma mi carne, y se regocije en roer mis huesos?
¿No vendréis, aguas, y saciareis mi sed? ¿No llenaréis mi vientre?
¿Acaso no lo traerás de vuelta, hado de mi desgracia?
He aquí que mi corazón se seca y mis fuerzas se acaban, pues,
¡He perdido a la fuerza que sostenía mis tobillos!
Élla era el orgullo que levantaba mi cabeza,
¡El horizonte se extiende todavía, oh hado sediento de almas!
Él era el agua en mi boca y la vianda que habitaba en mi vientre!
¿No le traerás, oh destino mio?
¿No te volverás a mi y serás mi libertador?
No le amé suficiente, vientos, pero decidle que mi esperanza se deseca sin élla
No lo tomé lo fuerte que debía ¿No le diréis, oh sol?
¿No lo trairéis con palabras suaves que yo mismo he pagado?
Mis rodillas se doblan, y la arena las muerde,
Mi espalda se ha enconrvado sobre su hálito ardiente,
Mis ojos se nublaron, y yazgo esperando que él venga y me diga que me conoce, y tome, de nuevo, mi mano.
No hay comentarios:
Publicar un comentario